El documental inventa cada vez su propio lenguaje por Ignacio Agüero

Uno de los mayores atractivos del cine documental, tanto para el realizador como para el espectador, es el hecho de que inventa cada vez su propio lenguaje. Esto es así porque un documental es el resultado del enfrentamiento particular entre su autor y la materia que va a tratar, materia que dicta, cada vez, un modo de ser tratada.
Un documental es la manera como su autor escuchó a su materia y permitió que ésta se desplegara en la narración. Por eso, los documentales pueden ser tan distintos entre sí, pues no hay una fórmula y cada vez es como si fuera el primero que se realiza. El hecho de que puedan hacerse con equipos muy reducidos de gente, permite también que se pueda cambiar el rumbo en el camino y tomar decisiones radicales durante el proceso de realización. Todos estos son elementos que hablan de las posibilidades de libertad creativa del género y que se refuerzan cuando no se pretende, como cosa principal, atrapar al gran público. El documental no tiene esa exigencia de forma tan castradora como otros géneros. Más aún, si consideramos que no es necesario un gran acontecimiento ni un personaje famoso, y ni siquiera un tema para realizar un documental, la libertad creativa es mayor. Sólo son necesarios un espacio y una materia (objetos, personas, acontecimientos), la complicidad del fotógrafo/camarógrafo, del operador de sonido y del productor, un tiempo de rodaje no drásticamente delimitado y una voluntad de observar. Así como el documentalista fue seducido por la materia, así también seducirá al espectador.
El documental es así un dispositivo de lenguaje que ofrece infinitas posibilidades de expresión y que desde la particular visión de un creador, inventa cada vez su forma.
Vinculo estas ideas con otras. Una es idea de Borges y es que la poesía no es algo extraño, sino que acecha a la vuelta de la esquina. Puede surgir ante nosotros en cualquier momento y las formas narrativas, entre ellas el cine documental, pueden ser una "ocasión para capturar la poesía". Pueden ser como pueden no ser, pues muchas veces se desperdicia esa ocasión, muchas veces los ojos no ven lo poético que tienen en frente de ellos. Una voluntad de observación y una cierta calma en el rodaje y luego en el montaje, pueden establecer relaciones entre las imágenes y hacer aparecer la poesía.
Otra es una teoría de Raúl Ruiz: en un relato, todos los planos tienen el mismo valor, todo plano es igual a otro, y es la imagen la que determina la narración, y no al revés, la imagen en función de una narración.
Junto estas ideas con el fin de afirmar que las posibilidades expresivas del documental son enormes. El documental sigue siendo el brazo experimental del cine, la vía por la cual se innova en el lenguaje. Nombro algunas películas: The Sea that Thinks/Gert de Graaff, Les Glaneurs et La Glaneuse/Agnès Varda, Los libros y La Noche/Tristán Bauer, Bread Day/Sergey Dvortsevoy, Route One/Robert Kramer, La Memoria Obstinada/ Patricio Guzmán, Cofralandes/Raúl Ruiz. La lista puede seguir.

 
 

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