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[EDITORIAL]

 

Perversiones mediáticas en torno a la guerra

Hace unas semanas Maruja Torres publicaba en El país semanal un artículo titulado Lenguaje colateral en el que daba cuenta de diversas perversiones y manipulaciones del lenguaje a la hora de referirse a la guerra. La periodista señalaba una serie de términos acuñados por los políticos y que los medios de comunicación recogen sin cuestionar.  De este modo, ya todos estamos habituados a escuchar y hablar, además de los consabidos “efectos colaterales”, de “bombas inteligentes”, “bombas limpias” o “bombas cortamargaritas”. Un conjunto de eufemismos y combinaciones de términos contradictorios que anulan el significado de las palabras y, por tanto, infieren en  nuestra concepción de qué es una guerra.

Y como las palabras, también las imágenes son susceptibles de vaciarse de contenido. En estos tiempos prebélicos no está de más recordar el modo de representación que los medios de comunicación han hecho de los conflictos recientes.

Vietnam fue la primera guerra televisada y sus efectos en la ciudadanía norteamericana han sido abundantemente estudiados en teoría de la comunicación. Aunque hay opiniones contrarias, son muchos los que coinciden en que el rechazo de la población estadounidense a la guerra se produjo porque estaban hartos de ver morir a sus soldados (hijos, maridos y compatriotas) a la hora de cenar.

Y de esta primera guerra televisada- en la que las cosas, a pesar de los innumerables datos ocultados y manipulaciones informativas, eran lo que eran- pasamos a la guerra en riguroso directo: la Guerra del Golfo.  Una contienda virtual a juzgar por las imágenes que retransmitieron las televisiones mundiales con la CNN a la cabeza. Como señala Fernando de Felipe 1“jamás pudimos imaginar que la posibilidad misma de verlo todo llegaría a convertirse en un amargo resignarse a no ver nada”. En efecto, la guerra contra Irak se representó como un videojuego; fruto de una avanzada tecnología, lo único que pudimos ver fue una pantalla en verde en el que las bombas eran simples lucecitas. En definitiva, una guerra invisible. Y lo que es más terrible, sin consecuencias.

¿Quiénes fueron las víctimas de esa guerra? ¿Qué pasó después de la contienda en Kuwait y en Irak?

Sistemáticamente, nos fueron veladas las imágenes de la población civil, la que sufrió y sufre el embargo económico, la que ha visto cómo aumentan de un modo alarmante los casos de cáncer según señala la Cruz Roja, la que – en caso de que se repita el conflicto- carecerá de agua y alimentos.

Al igual que los eufemismos del lenguaje, estas imágenes high tech servían, como señala Maruja Torres, para “escamotearnos lo que la palabra esconde: cuerpos reventados, carnicerías, mutilaciones, sangre, destrucción, muerte”.



1 Imágenes para la sospecha. Falsos documentales y otras piruetas de la no-ficción. Ed. Glénat.