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[ENTREVISTA ]

 

Jean Rouch y el azar objetivo

Durante la semana del 13 al 17 de Enero tuvo lugar en el Instituto Francés de Barcelona una retrospectiva del realizador Jean Rouch organizada por el grupo Contraplano, Laboratorio de Acción Documental. Se proyectaron diez de las películas más conocidas denm su extensa carrera cinematográfica. Y ahí estaba él, divertido y provocador al comienzo de cada sesión, recordándonos su origen catalán -su apellido es Roig y no Rouch-."Soy catalán, nacido en Francia y con alma de negro. ¡No pasarán!"

TEXTO: Camila Yver Morales
COLABORACIÓN: Amelie Saillez
 

Tuvimos ocasión de compartir un rato con él y su esposa desde hace dos años, Joselyn, y mientras brindábamos -sin olvidar las gotas a la tierra para los ancestros- nos contó que está lleno de proyectos y viajes: Barcelona, Manosque, Nigeria, y volver a París a preparar una película. A sus ochenta y siete años y habiendo sido fundador del Comité de Cine Etnográfico del Museo del Hombre, director del Centro Nacional de Investigación Científica, profesor de la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales y tras haber realizado un sin fin de películas, Jean Rouch se siente en el derecho de no teorizar demasiado sobre el cine o la etnología y de contestar cualquier pregunta con lo que le apetece decir en ese momento. Pero nada se le escapa, todo lo que observa tiene un significado profundo y sus recuerdos son historias lúcidas e increíbles.

Jean Rouch fue concebido en un barco de expedición al Ártico llamado el Pour quoi pas?. Ese fue el primer ¿por qué no? de una vida aventurera y marcada según él, por enigmas y casualidades. La primera película que vio de pequeño fue Nanook, el esquimal de Robert Flaherty, la cual le impresionó muchísimo y quiso saber si los esquimales eran actores. Su padre, un oficial de la marina, le explicó por primera vez la diferencia entre ficción y documental. También le contó que todo en la vida se podía filmar, pero no la guerra ya que "la guerra se hace y luego se olvida, porque es innoble".

A los diecisiete años vio su primer concierto de Jazz con Louis Armstrong en una sala semi vacía y se sentó muy cerca de él -"fue el descubrimiento de una música muy singular, el comienzo de una pasión". Más adelante vería el jazz volver a su tierra, de la mano de Duke Ellington en Dakar.

A Rouch le hubiese gustado ser profesor de matemáticas pero le parecía demasiado difícil. También consideró ser pintor hasta que en una exposición donde participó,  Salvador Dalí, al ver uno de sus paisajes, se le acercó y le dijo: -"No está mal, pero lo podrías hacer mejor".

Su carrera como etnógrafo y cineasta comenzó por un capricho del destino. En los  años cuarenta mientras Francia estaba ocupada, partió a África enviado por el Ministerio de Colonias como ingeniero civil para supervisar la construcción de carreteras y puentes. En ese primer viaje conoce a Theodor Monod, que dirigía el Instituto Francés de África Negra. Un día en Senegal, mientras construía un puente estalló una gran tormenta y sus trabajadores celebraron un ritual para la lluvia. A partir de ese momento comienza a hacer investigaciones etnográficas que envía a Monod para que las publique, las administraciones coloniales no apreciaron mucho esta extraña pasión y llegaron a pensar que Rouch era un espía.

Al volver a París estudia antropología en el Museo de Hombre "con unos profesores extraños": Marcel Mauss, el padre de la antropología moderna francesa, y  Marcel Griaule, especialista en los Dogon de Mali, un pueblo de conocimientos extraordinarios en astronomía. Decide que la herramienta para sus investigaciones etnográficas debía ser una cámara en vez de un cuaderno y los sábados por la mañana asiste a clases de cine en la Cinemateca, donde "por azar asistían unos chicos bastante listos".  Eran Francois Trauffaut y Jean Luc Godard.

En 1946 parte a África para hacer una expedición en canoa por el río Níger hasta el mar. Se lleva una cámara Bell and Howell de 16 mm a cuerda comprada en el Mercado de las Pulgas de París. Tenía nociones de cómo cargar una cámara y hacer planos pero no sabía nada sobre raccords, en el viaje su trípode cae al agua y continúa filmando a pulso. De ahí nace su primera película y el estilo que marcará su carrera: "Nunca pongo la cámara sobre un trípode. El cine es para mi una forma de creación poética inmediata, es necesario estar en contacto físico con el mundo, como con la cámara". Más tarde con la ayuda de un amigo Sorka, Damoure, filmó una caza de hipopótamo -"la valentía es hacer como si uno no tiene miedo"- y así comenzó una colaboración que ha durado cuatro décadas.

Durante este tiempo ha filmado y montado unas 120 películas, en todos los formatos, entre ellas más de setenta películas etnográficas en Ghana, Níger o Alto Volta, desde la vida cotidiana en las comunidades, a rituales extraordinarios como el polémico Maitres Fous, improvisaciones como Jaguar o adaptaciones de cuentos folklóricos como Cocorico! Monsieur Poulet.

Mucho antes del replanteamiento contemporáneo sobre el cine etnológico, Rouch desarrolló un nuevo tipo de documental basado, como el jazz, en la improvisación, que borraba las fronteras entre realizador objetivo y sujeto, ficción y realidad. Ahora dice que aprendió a hacer cine de la misma manera que aprendió a hacer puentes: "un puente es una obra de arte, se diseña primero y luego se calcula, el cine primero se filma y se justifica después".

El trabajo de Jean Rouch también ha influenciado al cine africano, ya que luchó por introducir el cine en un África en transformación y entrenó a muchos técnicos, que más tarde han sido cineastas, como Oumaru Ganda, Safi Faye o Moustapha Alassane.

Su película Cronique d'un eté, filmada en 1960 es ahora considerada una película pionera de cinema verité, lo que él prefiere llamar cinema sincerité. El realizador, interesado en las emociones de los franceses tras la guerra de Argelia, aparece preguntando a los parisinos: -¿Usted es  feliz?. Esta obra fue una fuente de inspiración para la ya establecida Nouvelle Vague francesa, con Godard y Truffaut a la cabeza.

A lo largo de su vida también trabajó con su amiga inseparable, la antropóloga Germaine Dieterlen, la cual vivió veinte años con los Dogon en Mali. De su investigación derivó la idea de que el gran conocimiento astrológico de este grupo sobre el sistema Sirius proviene de una visita de los habitantes de este sistema a los Dogon hace al menos 5000 años. Sus máscaras rituales se exhiben en el Museo del Hombre. En el año 1999 ambos organizaron un evento con bailarines Dogon enmascarados danzando en el Trocadero, rodeados de turistas atónitos y estudiantes de etnología, con la Torre Eiffel de testigo, para firmar un acuerdo con el museo con el fin de que las máscaras sean devueltas a su comunidad en caso de que éste cierre.  Poco después ella fallece, así se despedía Rouch durante su homenaje -"....Con ella descubrimos que para los Dogon la representación de la primera mañana del mundo ponía en escena a Sirius y el sol visto por los primeros hombres de la tierra....año cero, hace dos mil años de eso".

En este momento de su vida ha llegado a la conclusión -lúcida o no, qué importa- de que tanto la etnología como el cine documental son sólo mentiras, y que las únicas que sí lo ven todo y tienen un sentido de la realidad son las palomas de ciudad, que lo intrigan. Aún así aconseja a futuros documentalistas que "para filmar hay que estar lo más atento posible a lo que pasa a nuestro alrededor, al azar, a lo imprevisto". 

"Mi vida a sido una serie de encuentros por azar: el cine con Robert Flaherty, la etnología de África con Theodore Monod y Germaine, y lo que une a todo eso de manera subterránea, el jazz de Louis Armstrong.

....Y si no hubiese sido por todo esto, este azar objetivo, mi vida no sería una aventura constante y ahora no estaría en Barcelona conversando y viendo las palomas que vuelan".

 

 

Fuentes:

Gemma Orobitg entrevista a Jean Rouch, Tanios Films. Enero 2003.

Entrevista a Jean Rouch y Germain Dieterlen grabada por Camila Yver. Febrero 1999

Homenaje a Germain Dieterlen, 19 Bilan du Film Ethnographique, Marzo 2000.

Gilles Mouellic entrevista a Jean Rouch. 1998.

 

 

 

 

 

 

Jean Rouch

 

 

Moi, un noir (1958)

 

 

Le pyramide humaine (1961)

 

"Nunca pongo la cámara sobre un trípode. El cine es para mi una forma de creación poética inmediata, es necesario estar en contacto físico con el mundo, como con la cámara"


 

"Un puente es una obra de arte, se diseña primero y luego se calcula, el cine primero se filma y se justifica después"


 

"Mi vida a sido una serie de encuentros por azar: el cine con Robert Flaherty, la etnología de África con Theodore Monod y Germaine, y lo que une a todo eso de manera subterránea, el jazz de Louis Armstrong".

 

 

 

Filmografía:

Les Maîtres Fous, 1954

Moi, un Noir, 1959

La Pyramide humaine, 1961

Chronique d'un été, 1961

La Punition, 1964

La Chasse au lion à l'arc, 1965

Jaguar, 1967

Petit à petit, 1970

Cocorico Monsieur Poulet, 1974

Dionysios, 1987.