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[NOTAS
URGENTES para un DOCUMENTALISMO del S.XXI]
DOCUMENTOS
DE GUERRA
POR:
Ricardo
Restrepo.
Presidente de la Corporación Colombiana de
Documentalistas - Alados-Colombia
Somos
materia prima. No cesa de sorprender a propios y
extraños la vitalidad de nuestra gente y las
maravillas naturales que recorren el país. Pero
también corren por estos territorios difíciles
circunstancias políticas, económicas y sociales.
Desde las heridas abiertas por las violencias de
derecha y de izquierda, pasando por la devastación
del alma amazónica, las explosiones de pobreza
demográfica o las guerras anti-civiles, compartimos
desde nuestro ‘descubrimiento’ un mismo sino.
Colombia
concentra una gran parte de esa materia prima,
esencia del documental: nuestras realidades superan
la ficción más descabellada. Ya desde sus primeros
pasos a mediados de 1930, los registros cinematográficos
que captaban los hermanos Di Domenico
delataban la rica y perversa imaginación nacional:
desfilaron presidentes como reyes junto con reinas
de belleza, jugaron al fútbol y a la guerra con el
país vecino... El género documental colombiano
surge también en la reportería de otros pioneros
como los hermanos Acevedo. Cortos en 35mm.
son llevados a las salas de cine emulando los
informativos de las pantallas norteamericanas
durante la Segunda Guerra Mundial.
Las
imágenes de la sociedad criolla -refinada en los
salones europeos- van de la mano con el proceso de
industrialización y explotación de la tierra
demandados por sus socios en los EE.UU. En 1948 tuvo
lugar en Bogotá una revuelta civil sin precedentes
en la historia de Colombia. Aficionados unos,
profesionales otros, los camarógrafos registraron
la atrocidad en las calles. Cuadro a cuadro la
muchedumbre enardecida arrastra y golpea el cadáver
del supuesto asesino del líder popular Jorge Eliécer
Gaitán. El centro de la ciudad arde. En la
opinión de algunos teóricos: Colombia inicia su
verdadera caída libre hacia la violencia en este
momento. Desde las ciudades se alimenta el odio,
pero es en los campos donde se cultivan las
guerrillas. No podía faltar el primer registro
documental del guerrillero más antiguo del Mundo: Manuel
Marulanda “Tirofijo” de las FARC, durante
los bombardeos oficiales contra sus filas en
Marquetalia hacia 1962.
Esas
imágenes sin embargo ya no pasan en las salas de
cine. Hoy, son los noticieros de los monopolios
privados quienes nos transmiten diariamente en la
televisión los cuerpos asépticos de otras reinas,
las ceremonias protocolarias de otros reyes, las
redes infladas de otros tantos y la incesante
barbarie de miles de guerras internas. Su
comercialización inmediata permite la banalización
del documento. Nuestra tragedia humana, como la de
Ruanda o Bosnia, se volvió exportable. Los
documentalistas colombianos, irónicamente, también
viven de la guerra.
¿Será
un sino inapelable a nuestra condición? Temas como
el narcotráfico, la guerrilla, el paramilitarismo,
la dictadura de los poderes oficiales, los
asesinatos y secuestros abundan porcentualmente en
los documentales colombianos de los últimos 40 años.
Existen excepciones dadas por un tímido movimiento
ecológico y algún que otro proyecto de corte cultural
donde prevalecen los retratos a reconocidos
artistas.
El
apoyo estatal es escaso y aislado, sin coherencia a
mediano y largo plazo; aunque se destacan algunos
esfuerzos adelantados por las entidades a cargo de
la promoción cinematográfica a partir de los años
80 (Focine y Ministerio de Cultura). Apenas a partir
de los 90 se empezaron a escuchar los pasos aún
modestos de los productores y difusores privados que
se arriesgan a la aventura documental, algunas veces
bajo la tutela de los mega-canales de Europa y los
EE.UU. Es sólo en esta década que la
actividad gremial documentalista toma forma como único
vehículo de presión y subsistencia. Sin embargo,
el género aún no despega independientemente de su
temática. La práctica de la reportería se impone
al ritmo de la guerra y la demanda internacional.
Ante
la infamia del “tele-show” nacional y el
predominante apetito amarillista del mercado
extranjero, los documentalistas colombianos tienen
el gran reto de tomar vuelo propio permitiendo que
la memoria de Colombia viva y ayude a explicar
nuestras diferencias. Quizás en un futuro incierto
nos ocupemos del drama del gato que debe ser
rescatado de la copa de un árbol y no de documentar
las guerras que nos mantienen insomnes.
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9
de abril de 1948 de Maria Valencia Gaitan
La
reconstrucción del día en que asesinaron a Jorge
Eliecer Gaitan en pleno Centro de Bogotá.

"La
práctica de la reportería se impone al ritmo de la
guerra y la demanda internacional"
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