portada
                               

 

·otros eventos

·entrevista

·reportaje

·a fondo

·biblioteca

·opinión

·editorial

·notas urgentes

 

 

 

Con el apoyo de:

 

 

 

 

 

 

 

 

[ OTROS EVENTOS ]

Visible Evidence. El pulso del documental

TEXTO: Josetxo Cerdán Coordinador del Master en Teoría y Práctica del Documental Creativo UAB.

Entre los días 16 y 19 de diciembre tuvo lugar en Marsella la décima edición de la International Visible Evidence Conference. Un evento que anualmente reúne especialistas de todo el mundo (aunque principalmente del mundo académico anglosajón) para debatir sobre cuestiones relacionadas con el documental y las formas de representación de lo real. Visible Evidence tiene la peculiaridad de configurarse como un encuentro itinerante y cada año se realiza en un lugar diferente: si este año tuvo lugar en Francia, el anterior se había desarrollado en Australia y en el 2000 en Holanda (los rumores decían que el año que viene, por primera vez, su sede se radicará en un país del cono sur americano).

Aunque no pude permanecer en Marsella todos los días del encuentro puedo asegurar que la experiencia resulta muy gratificante para cualquiera que pueda estar interesado en un acercamiento reflexivo y meditado a las cuestiones ligadas con el documental. Primero, por que la propia dinámica de la convocatoria resulta muy abierta y dinámica, nada restrictiva. En este sentido resulta destacable el pequeño descriptor que acompañaba a la convocatoria: filmes, medios, realidad. De este modo, en los cuatro días se pudo asistir a paneles relacionados con temas tan diversos como ‘El film amateur como documento’, ‘Historia de la sexualidad, historia del documental’, ‘El falso documental’, ‘La fabulación de la realidad en los documentales árabes y la diáspora de los documentalistas árabes’, ‘Vulgarización científica: documental y vanguardia’, ‘Documental y memoria’, ‘Documental y conflictos internacionales: primeros borradores de la Historia’, ‘Representación de la violencia y las victimas después del 11 de septiembre’, ‘Medios digitales, memoria e historia’… Todas ellas ofrecían un mosaico lo suficientemente plural y rico como para apreciar que, fuera de las fronteras españolas, los debates no se quedan en un toma y daca entre la industria y los creadores, o entre la industria y la academia, o entre la industria y la administración…, como, tristemente, sí sucede por debajo de los Pirineos. Existe una savia, un pensar el estatus de la imagen documental, que enriquece a la academia, pero también a la industria, a la administración. Una de las primeras sorpresas del Visible Evidence fue que, aunque mayoritariamente en los paneles participaron académicos, también se contó con la presencia de realizadores, responsables de filmotecas y museos fílmicos, productores... Así pues, una primera lección: la reflexión sobre el carácter propio del documental, sobre su naturaleza, sus límites, sus diferentes configuraciones no sólo es necesaria, sino que tiene que instalarse y afianzarse de forma firme si queremos que su actual reverdecimiento perdure en el tiempo.

 

La segunda cuestión que merece la pena destacar se relaciona con el estado actual de la reflexión sobre el documental. Sintomático en este sentido fue el panel sobre ‘Falso documental’ coordinado por Jesse Lerner y en el que se pudo apreciar la distancia existente hoy en día entre la forma de afrontar el asunto en el mundo académico americano y en el europeo. Mientras que Dina Iordanova, de la Universidad de Leicester, abordó el asunto de los falsos documentales producidos en los países del ex-bloque soviético después de la caída del muro de Berlín, y se preocupó por indagar las implicaciones políticas que comportaba dicha opción estética en los diferentes casos estudiados (resultó especialmente interesante el caso de la película de Zelimir Zilnik, Tito entre los serbios por segunda vez, de 1996, en la que un actor disfrazado de Tito se plantaba en las calles para hablar con los ciudadanos de la ex Yugoslavia, tomando como punto de partida el gag del inicio de To Be or not To Be de Lubitsch); los norteamericanos participantes en el panel, Mickael Zryd, de la Universidad de Western Ontario y Alisa Lebow, de la Universidad de Nueva York, celebraban el falso documental como única vía válida de futuro para el documental. Ambos, en una más que evidente demostración de posmodernidad a la norteamericana en la que las citas de Foucault, Lacan, Bhabha y otros quedaban absolutamente desnudas de cualquier implicación política (y por lo tanto social), optaban por un posibilismo intelectual muy propio de las torres de marfil que suponen ciertas instituciones universitarias contemporáneas (tendencia creciente y, por lo tanto, preocupante). Y todo ello, como decía, para acabar diciendo en el único camino posible para el documental es el de la ‘falsedad’ y reivindicar como un pionero en ese terreno el trabajo de Buñuel en la Hurdes. Como si a estas alturas del siglo XXI todavía hubiera que descubrir que Flaherty preparó las tomas de su Nanook… En todo caso, se trata de un debate interesante, que seguirá en la brecha seguramente en el próximo encuentro, aunque si se realiza en algún país de Latinoamérica, quizá la realidad y la política se acabe filtrando un poco más en sus vetas.

 

En definitiva, la experiencia del Visible Evidence resulta más que provechosa. Es un terreno en el que hay que situarse, por el bien del propio debate interno que se desarrolla en nuestro país, o dicho de otro modo, porque es una forma evidente de renovar la savia de dicho debate (una renovación que urge).

 

 

 

 

 

Tito entre los serbios por segunda vez de Zelimir Zilnik.
El falso documental y sus implicaciones políticas.